A falta de una sola entrada que recopile todas mis entrevistas (que sí, que la haré un día de estos, lo prometo...) aquí está la última, esta vez para BLOG LITERARIO LOCO, de la mano de Susana Magaña y su amor.
martes, 1 de octubre de 2013
LEJANOS CUENTOS DE AMOR
Hoy llueve a cántaros en mi ciudad. Sí, esto es el otoño. LLuvia, días grises y melancolía a raudales.
Es esa melancolía la que hoy guía mi cabeza, yendo por otros derroteros totalmente distintos a los que me proponía. Por eso, os dejo este pequeño relato que escribí hace muchísimos años, y que hoy rescato del baúl de los recuerdos.
Para Javier, y todos los primeros amores que nunca se olvidan del todo y que aparecen cuando una menos se lo espera.
"Érase
una vez una adolescente que odiaba el mundo, porque creía firmemente que el
mundo la odiaba a ella. Fluctuaba entre amistades que resultaban no serlo
tanto, entre espíritus afines que la dejaban de lado.
Pero
una noche de enero algo sucedió.
Él
vestía calzas negras, traje atemporal que complementaba con una sonora
pandereta llena de alegría. Saltaba a la vista que había bebido de más. Incluso
el aliento le apestaba a vino, pero se sentó a su lado y rio con ella. Había
otros muchos asientos libres; sin embargo, eligió ese, y cuando la miró, sin él
saberlo, marcó su destino, porque ella nunca olvidaría sus ojos, ni su sonrisa,
ni nada de él, más aún por considerarlo irreal, inaccesible y lejano.
Pasó
el tiempo. Ella se sentía segura en su concha. Allí nadie podría hacerla daño,
aunque él ya se había apropiado de su corazón y avanzaba sobre su insegura
superficie. ¿Era guapo? Ella creía que no. ¿Simpático entonces? Apenas había
compartido una noche con él. No podía saberlo con exactitud.
No
conocía nada de él. Estaba segura de que no volvería a verlo, pero reservaba su
recuerdo más intenso para aquella noche.
Pero
en ocasiones, el destino es cruel con los más necesitados. Cuando parecía que
ella seguiría inmune en su coraza sin brechas, decidió aventurarse al mundo
real, recoger lo que este le ofrecía a manos llenas.
Lo
conoció durante horas. Aunque estaba bien a la vista, se empeñó en desechar la
superficialidad y recrearse con él, en él y por él, alimentando un sentimiento
que iba a crecer hasta el punto de dominarla. Se sumergió en su encanto y le
amó todavía más, sabiendo a un tiempo que sería imposible.
Cuando
él se fue ella se derrumbó por un solo instante, porque a partir de entonces su
alma dejó de sangrar. Sus lágrimas interiores fueron peores que las de su
cuerpo, porque su espíritu se halló con él, porque abandonó su ser e intentó
servirle aunque él permaneciera ajeno…
Y
entonces ya nada le importó salvo él. Ni siquiera ella misma. Solo él, a quien
nunca podría conseguir.
Empezó
conformándose con escuchar su voz en las raras ocasiones en las que se hallaba
cerca de ella; eran minutos de cielo y de infierno, de música y de dolor, de
luz y de oscuridad.
Pronto
esos momentos se distanciaron cruelmente en el tiempo, desvaneciéndose como la
niebla que da paso al sol.
Ella
supo que él ni siquiera se acordaría de su nombre, ni de que la había conocido,
y entonces quiso morir. Pero fue cobarde; prefirió morir poco a poco, quedarse
sin corazón y sin alma, puesto que eran de él, y sin él, de nada le servían.
Juró
que nunca volverían a penetrar en sus emociones. Estas se volvieron de piedra,
inquebrantables, inmunes al paso del tiempo.
Creyó
que ya no le quedaban más lágrimas, pero las derramó en abundancia antes de
vaciarse por completo. Aún, cuando le recuerda, sigue haciéndolo. Es entonces
cuando se balancea, oscila entre el pasado y el presente, y sin atreverse a
mirar al futuro, se deja envolver por los recuerdos que siempre acaban en él,
porque muy a su pesar no lo ha olvidado, ni le olvidará nunca.
Él
habrá cambiado. Otra disfrutará de él, de sus manos de pianista, sus labios
finos dibujando en el espacio cálidas sonrisas, de sus ojos oscuros rebosando
dulces palabras de amor.
Nunca
volverá a verlo, pero cuando cierra los ojos, lo ve tal y como lo conoció, y
entonces vuelve a sentir, a creer firmemente que vuelve a tener un corazón… Un
corazón que no podrá entregar a nadie, porque pertenece a aquel que conoció una
noche cualquiera en no importa qué lugar.
Se
siente segura en su anonimato. Aún hoy piensa que, si él conociera una mínima
parte de lo que ella le amó, todo se derrumbaría como un castillo de naipes.
Pero
sabe que, si su amor por él se destruyera del todo, jamás podría vivir viva,
sino que lo que haría es, como lo hace cada día, vivir MUERTA".
Y para rematar, una cita de autor desconocido pero que siempre me gustó:
"Se va la gente... No podemos hacer que vuelva. No podemos renacer sus mundos secretos, y siempre tengo ganas de gritar ante esta impotencia".
jueves, 26 de septiembre de 2013
ESOS OJOS NEGROS
Después de niños, deberes, limpiezas a fondo, lecturas, escrituras y mudanzas, ¡POR FIN VUELVO!
Sí, amig@s, el tiempo pasa, y los protagonistas indiscutibles de LA HEREDERA me piden paso.
En vista de que Diego arrasa entre mis lector@s, empezaré con él.
Ya sé que la mayoría le habéis puesto un rostro determinado y muy, pero que muy, famoso. Ya sé que su personalidad os recordaba a otras... Pero no. Diego de Casanueva es único, inimitable. Vamos, que con él se rompió el molde.
Y es una pena porque, ¿qué fémina no querría con ella un morenazo de ojos negros, alto y atlético, de sonrisa sensual y labia apabullante? ¿A quién no le gustaría dejarse seducir por la voz de la experiencia, el toque distinguido de la elegancia y las tablas amorosas de quien está acostumbrado a lidiar en ese terreno pasional? ¿Quién no se desmayaría ante un hombre trabajador, generoso, diligente con sus negocios y subordinados, de firmes resoluciones y con infiniiiiiiiiita paciencia?
Todo eso, y mucho más, es Diego de Casanueva. Un hombre al que, pese a sus orígenes, nada ni nadie se le ponen por delante. Seguro de sí mismo y de su encanto con el sexo opuesto... Hasta que aparece Elena Robles, es decir, "problemas" con mayúsculas.
A partir de ahí, su aplomo se tambalea, sus convicciones cambian, y su corazón empieza a palpitar por toda una serie de emociones aún por descubrir...
Ah, que queréis saber más... Bueno, empezaré por ponerle una cara diferente a las que se le han asignado, pero espero que igual de atractiva.
¡¡Aquí lo tenéis!! Es Casanueva, el dueño de un cortijo, media fábrica de aceite y una casa señorial en plena ciudad de Ronda. No sé, quizá esa casa podría ser algo así:
Con estas credenciales, ¿quién no se enamoraría de él? Pues a mi Elena le cuesta bastante decidirse, ya veis, porque una cosa es pasar un buen rato con un buen mozo y todos sus atributos, y otra muy distinta caer rendida a sus pies.
Aquí os dejo un par de fragmentos donde él puede sacar a relucir una parte de sus encantos. El primero de ellos es inédito, y forma parte de una conversación entre Diego y don Fabián:
"[...]
-De cualquier manera, continúa siendo menor de edad -siguió objetando (Don Fabián) con los ojos entrecerrados-. Podríamos tener problemas de otra índole.
Suspirando exasperado, Diego abrió las piernas y puso los brazos en jarras.
-¿Y si le digo que la he deshonrado? ¿Que me he acostado con ella y la he desflorado? ¿Ayudaría en algo? Quisiera reparar el agravio cometido, padre.
Con una severa y reprobadora mirada, don Fabián volvió a sentarse.
-¿Lo has hecho? -preguntó muy despacio.
-¿La ha visto bien? -respondió él, como si fuera evidente el camino a seguir cuando de Elena se trataba-. ¿Cómo podría no hacerlo? Ahora tendrá que ayudarme...
Hubiera podido dudar de aquellas afirmaciones, pero en lo que a mujeres se refería, Diego nunca mentía. No necesitaba jactarse de hazañas que no eran suyas para que estas cayeran rendidas a sus pies."
La siguiente es un pequeño fragmento de una "negociación" muy peculiar. Juzgad vosotr@s mism@s:
"[...]
-Todo cortejo persigue un fin -dijo ella sin aliento.
-Y el mío es el más noble de todos, te lo aseguro. -Con sus ojos negros centelleando de placer, Diego alargó una mano y acarició su mejilla-. Vamos, princesa, confía en mí. yo nunca te haría daño.
¡Sus palabras sonaban tan sinceras!
En realidad deseaba que ella le conociera. Lo adivinó cuando se adentró en la profundidad de los pozos oscuros de su mirada, cuando exhaló un suspiro de anhelo y cerró los párpados de nuevo.
Y ella ansiaba conocerle; se moría por aquel tipo de atenciones, deseaba sentirse halagada y pedía a gritos ser iniciada en el mundo misterioso del placer y el erotismo.
-De acuerdo -accedió, [...]-. Le doy dos semanas.
[...]
-Cuatro -exigió, divertido por el regateo.
-Tres -contraatacó ella implacable-. Es mi última oferta.
[...]
-No te negarás a nada de lo que yo proponga -aseguró-. A nada. Y esa, señorita, también es mi última oferta."
Espero que os haya gustado, porque a mí, con solo recordarlo, ¡se me han deshecho hasta las ideas!
martes, 10 de septiembre de 2013
BAJO LAS ESTRELLAS
De nuevo estoy aquí con otra lectura terminada; de nuevo un libro de una autora española, y de nuevo me ha sorprendido gratamente. Y es que tenemos una materia prima impagable en nuestro país.
En esta ocasión, Ana Iturgaiz y su BAJO LAS ESTRELLAS han sido el "objeto" de mis desvelos, jajaja!!
Y es que Mar, Gabriel, y un largo etcétera de secundarios transitorios pero imprescindibles, han conseguido que disfrutara de una lectura amena, con una ambientación inmejorable, un estilo sencillo y lleno de diálogos ingeniosos, y un trabajo de documentación, perfecto no, LO SIGUIENTE!!
Una novela completa donde la historia de amor transcurre lentamente, pero que hace que paladees cada momento entre los protagonistas. Una novela donde la trama romántica se ve perfectamente acompañada por un montón de aventuras que te hacen desear más. Una novela donde las sorpresas te acompañan casi hasta el mismo final.
Me encantó Mar, una mujer fuerte, valiente, soñadora pero con gran capacidad de reacción.
Pero Gabriel... ¡Ay, Gabriel! Lo que hoy día se llamaría un "todo terreno", un hombre endurecido por los reveses de la vida, pero que cae rendido a los pies de Mar en cuanto la ve. Un hombre que, finalmente, acaba siendo "víctima" del destino que se empeña en unirlo a ella pese a que él intenta lo contrario una y otra vez. Generoso, humano, con un montón de pequeños defectillos que subsana con creces... Vamos, un cielo de hombre.
Ana, un día te oí decir que no tenías imaginación. Menos mal, porque de lo contrario... ¡¡TIEMBLA, JULIO VERNE!!
Por cierto... ¿Quedaría muy mal decir que, solo quizá, mi personaje favorito es Feliciana?
En esta ocasión, Ana Iturgaiz y su BAJO LAS ESTRELLAS han sido el "objeto" de mis desvelos, jajaja!!
Y es que Mar, Gabriel, y un largo etcétera de secundarios transitorios pero imprescindibles, han conseguido que disfrutara de una lectura amena, con una ambientación inmejorable, un estilo sencillo y lleno de diálogos ingeniosos, y un trabajo de documentación, perfecto no, LO SIGUIENTE!!
Una novela completa donde la historia de amor transcurre lentamente, pero que hace que paladees cada momento entre los protagonistas. Una novela donde la trama romántica se ve perfectamente acompañada por un montón de aventuras que te hacen desear más. Una novela donde las sorpresas te acompañan casi hasta el mismo final.
Me encantó Mar, una mujer fuerte, valiente, soñadora pero con gran capacidad de reacción.
Pero Gabriel... ¡Ay, Gabriel! Lo que hoy día se llamaría un "todo terreno", un hombre endurecido por los reveses de la vida, pero que cae rendido a los pies de Mar en cuanto la ve. Un hombre que, finalmente, acaba siendo "víctima" del destino que se empeña en unirlo a ella pese a que él intenta lo contrario una y otra vez. Generoso, humano, con un montón de pequeños defectillos que subsana con creces... Vamos, un cielo de hombre.
Ana, un día te oí decir que no tenías imaginación. Menos mal, porque de lo contrario... ¡¡TIEMBLA, JULIO VERNE!!
Por cierto... ¿Quedaría muy mal decir que, solo quizá, mi personaje favorito es Feliciana?
viernes, 6 de septiembre de 2013
¿ES UN PÁJARO... ES UN AVIÓN...? ¡NO! ¡ES... EL MARQUÉS!
Aquí estoy de nuevo, a la carga después de superar el disgusto al comprobar que se me va el verano...
Y esta vez, vuelvo con fuerza, a punto de llegar a la meta en lo que a personajes de LA HEREDERA se refiere.
Sí, ya se acaban (¡Menudo asco!), ya solo quedan los tres mosqueteros, a saber: El Marqués, Diego de Casanueva y Elena Robles.
Bueno, como la paciencia nunca ha sido una de mis virtudes, no voy a tentar más a la suerte y me apresuraré a deleitaros con uno de los pasajes que son, por derecho propio, patrimonio casi exclusivo del Marqués, pero antes... ¡¡AVISAD A LOS BOMBEROS, PORQUE SALTARÁN CHISPAS!!:
Y esta vez, vuelvo con fuerza, a punto de llegar a la meta en lo que a personajes de LA HEREDERA se refiere.
Sí, ya se acaban (¡Menudo asco!), ya solo quedan los tres mosqueteros, a saber: El Marqués, Diego de Casanueva y Elena Robles.
Así que vamos a comenzar por el primero de ellos.
Podríamos llemarlo de muchas formas sin que ninguna dijera su verdadera identidad. "Educado", "listo", "honorable", "intachable"... Pero dejémoslo en "El Marqués", ese sobrenombre impuesto por los Civiles ante la imposibilidad de averiguar su verdadera identidad. Ese mote elegante que hace honor a sus modales, incluso a la hora de liberar reos.
Sí, aquí lo tenéis, fiel a su cita con su creadora y con tod@s l@s lector@s que han disfrutado con LA HEREDERA.
Un hombre misterioso, cuyos actos son impulsados por fuertes motivos de naturaleza moral que iréis comprendiendo conforme avance la novela...
Parece que es invencible. Al menos, eso piensan sus perseguidores... Pero, como todo el mundo, él también tiene su Talón de Aquiles.
Elena Robles.
Y es que sus intempestivos encuentros le levantan ampollas... Y otras cosas, jajaja!!. Ella sabrá ganarse su corazón y su alma. Contará con su fidelidad absoluta y su ayuda incondicional para todo aquello que se propone.
Después de unos cuantos tiras y aflojas, claro está. Pero antes de ir más allá, os dejo una fotografía muy definitoria y claramente inspiradora.
¡¡AQUÍ ESTÁ!! La famosa cascada, el inicio de su idilio apasionado, cuyo frescor innato le sacará de más de un apuro físico y mental...
Bueno, como la paciencia nunca ha sido una de mis virtudes, no voy a tentar más a la suerte y me apresuraré a deleitaros con uno de los pasajes que son, por derecho propio, patrimonio casi exclusivo del Marqués, pero antes... ¡¡AVISAD A LOS BOMBEROS, PORQUE SALTARÁN CHISPAS!!:
"[...]
Elena no contestó. Se debatió y se retorció debajo de él (El Marqués) como una gata arrinconada por una jauría de perros, pero todo fue inútil, y solo cuando comprendió que estaba a su merced, su forcejeo cesó. Estuvieron mirándose en silencio unos segundos, con el único sonido de sus respiraciones agitadas por la ira y el esfuerzo realizado. Esta vez el rostro del Marqués estaba serio, con los labios apretados y una mirada de advertencia en sus ojos oscuros que no logró intimidarle.
-Por Cristo que eres condenadamente difícil -volvió a susurrar más tranquilo-. Si supieras lo que provocas en mí cuando te mueves como hace unos instantes, te aseguro que dejarías de hacerlo al momento.
-No es más que un cobarde que se esconde tras una máscara -farfulló enfurecida-. ¡Canalla, bellaco, ladrón...!
-¿Solo eso? -Elena se quedó boquiabierta ante la respuesta del Marqués-. Francamente, después de tus alardes y tus bravatas, esos insultos realmente sí son propios de una dama respetable. Me decepcionas.
A pesar de que apenas podía respirar debido al peso de su cuerpo, Elena tomó aire y recogió el desafío.
-¡Hijo de puta! -escupió-. ¡Maldito bastardo, hijo de mil perras, desgraciado...!".
Espero que os haya gustado. ¡Hasta la próxima!
viernes, 23 de agosto de 2013
EL SUEÑO DE CARLOTA
Hola de nuevo a todos!!
Qué poco tiempo ha pasado desde mi última entrada, ¿verdad? Pero es que estoy a punto de inaugurar una nueva sección en mi blog. Se llamará RELATOS, y en ella os iré informando de aquellas antologías-concursos en los que participe, así como otra serie de relatos que mi imaginación fabrique y que no tengan mayores pretensiones que las de aparecer en mi blog, para vuestro deleite (o eso espero...)
Para comenzar con buen pie (y nunca mejor dicho) entra en escena EL SUEÑO DE CARLOTA, un proyecto que nació gracias a Miriam Moreno, una excepcional amiga virtual que me propuso hacer una versión nueva de un cuento clásico, para participar en una antología de cuentos, cuyas ganancias irán a parar directamente a una ONG que dedique sus esfuerzos a mejorar la situación de muchos niños en el mundo.
La propuesta surgió hace tiempo. Yo, como tant@s compañer@s, aceptamos, y hoy ya casi es una realidad.
Si todo va bien, en septiembre 20 VOCES PARA 20 CLÁSICOS, que así se llama la antología, verá la luz.
Aquí os dejo mi pequeño granito de arena. Espero que os guste. Ya me diréis...
EL SUEÑO DE CARLOTA
(Versión de LA CENICIENTA)
Realizada por Elena Garquin.
—¡Carlotaaaa!
¡Necesito que me hagas la cama, ahora mismo!
Carlota subió la
potencia de la aspiradora, para que el ruido no la dejara oír los berridos de
sus hermanastras.
—Pero
mira que son vagas… —gruñó.
Decidió
dedicarse con más ahínco a sus tareas diarias. Tarde o temprano ellas se
aburrirían de martirizarla, y para cuando su madrastra llegase, ya ni se
acordarían de ella.
Cuando
dejó la aspiradora cogió el plumero. Repasó a conciencia cada rincón de la
casa, incluido el retrato de su padre. Cuando llegó a ese punto, recordó su
situación.
En
aquel pueblo perdido de la mano de Dios, su padre había sido un hombre rico y
respetado, que se había casado por segunda vez con la que ahora era su
madrastra.
Esta
tenía dos hijas, Gervasia y Hermenegilda, cuyas máximas aspiraciones en la vida
se resumían en: martirizar a Carlota, martirizar a Carlota y martirizar a
Carlota.
Su
padre murió, y con él se fue toda su fortuna. Su madrastra se dedicó a
malgastarla en estupideces tales como pasarse el día en el salón de belleza,
abarrotar su armario de trapos inútiles, o intentar que sus hijas pareciesen
guapas, cuando su carácter repelente las hacía francamente horrorosas.
Ellas
no pensaban más que en chicos y juergas. Algo que no cabía en la vida ajetreada
de Carlota.
Además
estaba lo otro. La afición de Gervasia y Hermenegilda por la música.
Su
madrastra se había gastado una pequeña fortuna en profesores de canto que
afinaran la voz de pito de las chicas, sin ningún resultado satisfactorio.
Ellas estaban convencidas de que lo hacían divinamente, pero los oídos de
Carlota eran los principales perjudicados. Se veía obligada a escuchar sus
graznidos a todas horas, porque gracias al despilfarro de su madrastra, habían
tenido que prescindir de los servicios de una empleada del hogar, para que
Carlota se hiciera cargo de todas las tareas.
Y
así era su vida; duro trabajo, con una pequeña casa que aún le debían al banco
y sin posibilidades de estudiar para lo que ella sí que valía.
Y
es que Carlota cantaba como los ángeles. Lo hacía de noche, en un pequeño
cuartucho secreto alejado de las tres brujas pirujas, para que nadie la oyera.
Se imaginaba que, algún día, un hada madrina la tocaría con su varita mágica
para lanzarla a la fama y la gloria.
Pero
solo eran sueños.
De
momento, ella trabajaba para lograrlo. Había creado una hermosa canción
dedicada a su padre, y la perfeccionaba en cuanto tenía oportunidad.
—¡Mirad
lo que traigo, chicas!
Cuando
su madrastra entró por la puerta, Gervasia y Hermenegilda devoraron la
invitación que llevaba de la mano. Carlota se hizo la remolona, pero aún así
pudo ver de qué se trataba.
—¡Es
de la discográfica «Príncipe Azul» —exclamó Gervasia.
—¡Están
buscando nuevos talentos! —apuntó Hermenegilda.
—Y
organizarán una fiesta dentro de tres días para encontrar a la mejor voz de la
comarca —afirmó la madrastra.
Las
tres comenzaron a gritar y saltar de alegría. Ninguna se dio cuenta de que
Carlota también sonreía mientras se retiraba a su cuarto secreto, dispuesta a
hacer horas extra de canto para conseguir lo que tanto había querido siempre.
—Raúl,
hijo, más te vale que todo salga bien, porque de lo contrario se te van a acabar los lujos. No tendrás ni una propina
más.
—Papá,
no te preocupes, ¿vale? Con la crisis seguro que habrá muchos aspirantes que
aparezcan en la fiesta. Entre tanta gente, alguien cantará como esperamos.
O
eso deseaba Raúl. Un ángel que le ayudara a conseguir que la discográfica se
hiciera de oro. Un hada de los sueños que apareciera para concederle todos sus
deseos. Así, él no tendría que dar un palo al agua y podría seguir viviendo del
cuento, saliendo por ahí de fiesta y ligando con chicas a diestro y siniestro,
porque por algo era tan guapo, listo y simpático.
Para
eso era el hijo de su padre. Para eso su padre era tan rico que en vez de ojos
tenía el símbolo del dólar.
Claro
que su padre ahora se había puesto pesado con eso de que en la vida había que
ser alguien, que tenía que trabajar duro porque a nadie le regalaban nada…
—Sigo
pensando que la idea de la fiesta tiene sus inconvenientes, pero puesto que ha
salido de ti, le daremos una oportunidad.
Y
Raúl sonrió convencido de que, esta vez, conseguiría lo que su padre esperaba
de él. Aunque para ello tuviera que creer en la magia.
Carlota estaba sudando
la gota gorda de tanto trabajar.
Y es que su madrastra
le había dado permiso para asistir a la fiesta de «Príncipe Azul». Siempre que
hubiera terminado de planchar los kilos de ropa que la esperaban, recoger todos
los cacharros del lavavajillas, limpiar los cristales, quitar del baño los
incómodos pelos de Gervasia y Hermenegilda…
En fin, que ya había
perdido la cuenta de las tareas pendientes, cuando vio desesperada cómo sus
hermanastras y su madrastra salían por la puerta todas emperifolladas sin
dirigirle siquiera una triste despedida.
—¡Eh, esperad! —gritó—.
¡Os olvidáis de mí!
—De eso nada —le
respondió la madrastra—. Si no has acabado, no hay fiesta, ya lo sabes.
Y se marcharon las tres
dándole con la puerta en las narices.
Carlota era una chica
fuerte y valiente, y muy trabajadora. Pero aún así, se puso a llorar llena de
rabia.
—Nunca podré terminar,
nunca podré terminar… —se repetía—. Son unas brujas…
—Cierto. Y unas malvadas,
y unas vagas indecentes, y unas ladronas…
Carlota levantó la
cabeza asustadísima al oír aquella voz. Cuando vio a la hermosa mujer que se
presentaba ante ella, se frotó los ojos varias veces, pensando que era una
visión.
Pero aquella mujer era
bien real. Le sonrió y agitó la varita mágica que llevaba en la mano.
—Esto no me puede estar
pasando…
—Te aseguro que sí,
querida.
A Carlota casi le da un
patatús.
—Esto solo pasa en los
cuentos… —se dijo a sí misma.
—Oye, tú no serás una
de esas chicas modernas que no creen en la magia, ¿verdad? Porque en ese caso,
guardaré mis poderes para quien de verdad los aprecie.
Pero Carlota ahora
sonreía de oreja a oreja, convencida del todo de que aquello no era un sueño,
sino algo bien real. Ni se le hubiera ocurrido decirle que ella era una chica
moderna que solo creía en lo que era de pura lógica. Ni fantasmas, ni brujas
volando montadas en escobas, ni Hadas con varitas en la mano capaces de cambiar
el destino de una.
—Eres mi hada Madrina,
claro.
—Claro —repitió la
mujer acercándose a ella para examinar sus vaqueros gastados, su camiseta roída
y su melena mal recogida—.Ya veo que necesitas un buen repaso, niña, así que…
¡Manos a la obra! Cuando te oigan cantar en la fiesta, ¡se van a caer de culo!
—¿Vas a ayudarme?
—Por supuesto. Tendrás
lo que deseas si sabes aprovechar el tiempo, hijita —afirmó el Hada Madrina—.
Solo tendrás hasta las doce de la noche. A partir de ahí, todo desaparecerá.
Volverás a tu casa, a tu familia odiosa y a tus problemas.
Cuando Carlota apareció
en la fiesta, todo el mundo enmudeció. Su madrastra no la reconoció, y sus
hermanastras, que en ese momento estaban interpretando una de sus horrendas
canciones, se callaron para poder mirarla a gusto.
Y es que su Madrina la
había dejado tan hermosa que nadie sabía quién era.
Cuando Raúl puso sus
ojos sobre ella, pensó que acababa de entrar en el Cielo. Su vestido rosa le
llegaba hasta las rodillas. Llevaba unas sandalias con unos tacones de vértigo,
un elegante peinado y un maquillaje a la moda.
Aprovechando el
desconcierto general, echó a sus hermanastras del escenario y repartió la
partitura entre los músicos. Después cogió el micrófono, y a partir de ahí todo
fue como la seda.
Raúl se enamoró de ella
instantáneamente. De su hermosura y de su voz. Era como la de un ángel, suave,
melodiosa. Estaba tan fascinado que, cuando la canción terminó, la invitó a
bailar el resto de las piezas musicales que aún quedaban por interpretar.
A Carlota le pareció
guapo, amable y muy simpático. Hablaron y bailaron durante horas, y para Raúl
no hubo otra canción mejor que la de Carlota.
Hasta que la primera de
las doce campanadas comenzó a sonar. Entonces ella se apartó de él recordando
la advertencia del Hada Madrina.
—¡Tengo que marcharme!
—exclamó.
—Pero, ¿por qué? ¿No te
estás divirtiendo?
—¡Me lo estoy pasando
divinamente, pero el tiempo se me acaba!
Echó a correr hacia su
casa, sin darse cuenta de que no estaba acostumbrada a hacerlo desde la altura
de aquellos tacones. Para correr con más rapidez, decidió llevar las sandalias
cogidas de la mano, pero en su huída, una se le cayó sin que se diera cuenta.
Raúl, que la perseguía
resuelto a no dejarla escapar, la recogió y sonrió.
—Ya sé cómo encontrarte
—murmuró.
El pueblo entero estaba
revolucionado. Y es que el heredero de la discográfica de la capital, andaba
por allí, sandalia en mano, en busca de la musa que lo tenía embobado.
Casa por casa, pie por
pie, todas las mozas casaderas se fueron probando el calzado, hasta que le tocó
el turno a la casa de Carlota.
Fue el mismo Raúl quien
intentó colocar la sandalia a Hermenegilda… Y cuando vio lo prepotente y maleducada
que era, casi se alegró de que su pie fuera demasiado grande.
Después le tocó el
turno al pie diminuto de Gervasia.
—Es mi número, ¿ves?
—decía—. ¡Es mi número!
Raúl se alegró de que
no lo fuera. Cuando preguntó si había alguna joven más en la casa, Carlota
apareció como por arte de magia.
Desde la noche de la
fiesta no había podido dejar de pensar en él. Cosa extraña, porque el tema de
los chicos ni siquiera asomaba por su cabeza. Normalmente tenía otros problemas
mucho más importantes en ella.
Él no la reconoció. La
invitó a que se probara la sandalia y… ¡Oh, milagro! ¡Le quedaba como un
guante!
¡Era ella! ¡La había
encontrado por fin!
Ahora, mis queridos
lectores, os preguntaréis si, como en el cuento, Carlota y Raúl se casaron.
Bueno… No exactamente.
Se gustaban. Mucho.
Estaban enamorados.
Pero había otras cosas
mucho más importantes para solucionar.
Los dos se fueron a
vivir juntos a la capital. Carlota comenzó a estudiar mucho para perfeccionar
su voz, y tiempo después grabó un disco de la mano de Raúl y «Príncipe Azul».
Con el dinero que ganó, acabó de pagar la hipoteca de la casa de su padre.
¿Qué pasó con la
madrastra, Gervasia y Hermenegilda? Pues lo que tenía que pasar. En vista de
que el gorroneo se les había acabado, la madrastra acabó trabajando para
Carlota, limpiando su casa día y noche. Podía haberla echado, pero en el fondo
le dio pena. Sus hijas tuvieron que buscarse otro trabajo, y todos los lujos a
los que estaban acostumbradas tocaron a su fin.
¿Y Carlota y Raúl?
¿Finalmente se casaron?
Por supuesto que lo
hicieron, mucho tiempo después. Pero eso, amigos míos, es otra historia.
miércoles, 21 de agosto de 2013
¿DOCTOR JEKYLL O MISTER HYDE?
Me parece que ha pasado una eternidad desde que os presenté el último personaje de LA HEREDERA, y puede ser que, en efecto, haya pasado una eternidad. Pero es que he estado super liada, de semi vacaciones, en la piscina o la playita... En fin, lo que se suele hacer por estas fechas.
Por eso os pido perdón. Prometo que, a partir de ahora, volveré a mi rutina de un personaje semanal, o quincenal, porque ya quedan muy poquitos...
El de hoy tiene aspecto de caballero, aunque no termina de serlo. Tiene voz suave, amable, aunque no termina de serlo. Ama a Elena de una forma muy peculiar, casi enfermiza, entremezclada con un odio creciente y oscuro, aunque tampoco termina de decantarse por una cosa u otra.
Sí, me refiero a Juan Lomana, tutor de nuestra protagonista por mandato expreso del padre de Elena, a la que conoce desde que era una niña.
Aquí lo tenéis. Intrigante, tenebroso, frío en ocasiones, en otras extremadamente visceral, atormentado por la disyuntiva amor-poder. Celoso por no poder poseer aquello que otros ya tienen y que considera de su propiedad...
Para que os hagáis una idea de lo que quiero deciros y no puedo confesaros, transcribiré un extracto de una escena del manuscrito original, pero que finalmente no llegó a ser publicado. Espero que os guste.
"-Así me gusta, mi niña -habló entonces su tutor, con una voz tan afectuosa que no parecía la suya-. Y ahora, ¿qué te parece si sellamos la reconciliación con un beso?
Catalina abrió la boca más que sorprendida, pero enseguida se recompuso, y todos los músculos de Elena empezaron a temblar como una hoja ante la obscenidad que se ocultaba tras su insinuante pregunta. Una oleada de bilis amarga casi la hizo vomitar cuando los rasgos del semblante de Juan, tan cerca del de ella, fueron de pronto tan claros. [...]
-Claro -consiguió decir sin que la voz le temblara-. Un beso, Juan.
Entonces, con un valor que no sabía que fuera capaz de poseer, tomó el rostro de Juan entre sus manos y acercó su boca a la de él. Por unos instantes interminables permaneció así y luego, súbitamente, estampó un casto beso en su frente."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






